domingo, 30 de agosto de 2015

Falsedades


Los avances de la humanidad se la debemos a numerosos genios.  Desde quien descubrió como manejar el fuego y el inventor de la rueda, genios cuyos nombres se quedarán por siempre en el anonimato, hasta los actuales responsables de los avances tecnológicos de la humanidad, los cuales están muy bien identificados , son los héroes de carne y hueso de nuestro planeta.

No es extraño que estemos atentos a las opiniones de estos gigantes de la humanidad sobre los mas variados temas.  Inclusive, se está a la caza de las últimas palabras de tan importantes personajes, a fin de inmortalizar en una frase toda una vida de provecho a la raza humana.

En estos últimos años el internet se ha convertido en una maravillosa herramienta para el conocimiento y solo le toma un instante a que una publicación traspase fronteras, salve océanos, vuele sobre montañas y se instale en cada hogar de la tierra.

No es de extrañar que cuando se unen una gran admiración hacia personajes inigualables de la historia con esa facilidad de transmitir pensamientos de hoy día, que a algunos se les ocurra ponerse a jugar con la sensibilidad de los demás. Cualquier persona puede emitir una frase de antonomasia, que contenga un gran poder en unas cortas palabras. Pero, al ser dichas por alguien sin fama ni reconocimiento alguno, esta cae en el zafacón de la humanidad y nadie la repite. Sin embargo, si se le atribuye a un gran hombre o una gran mujer y dos o tres la repiten como emanada de esa persona a la que se le rinde admiración, es cuestión de poco tiempo para que todos tengamos el criterio de que en realidad fue pronunciada por esa persona. 

Cada vez que me llega una carta escrita supuestamente por Albert Einstein o por Gabriel García Márquez, por mencionar solo dos ejemplos, me asalta la suspicacia y trato de investigar si en verdad esos pro-hombres dijeron lo que se les atribuye.

Existe un escrito atribuido a García Márquez, que habla de una muñeca de trapo, del cual el Gabo dijo que él no produciría algo tan mal redactado. Así también se le asigna a Albert Einstein una carta a su hija, en la cual él habla del amor.  Para un hombre como este físico, que era muy poco dado a escribir sobre las cotidianidades de la vida, resulta ridículo pensar que iba a emitir un texto sobre un tema tan poco cercano a la ciencia.  Mucho menos a su hija, que es de todos sabidos su parca relación con sus vástagos, la cual era escasa y hasta inexistente, llegando inclusive a entregar en adopción a algunos de ellos.  Esto, a la luz de la lógica, y de la investigación científica, se ha llegado a la conclusión de que no existe evidencia de que esta carta sea escrita por el galardonado por el premio Noble de física en el año 1921.

Hoy día existe una facilidad como nunca antes para que cualquier persona tenga acceso al conocimiento del mas alto nivel.  Por lo tanto, es inaudito que andemos repitiendo como papagayos lo expresado por otros, sin verificar antes la veracidad de la cita o del personaje citado.  Además, le exhorto a quien tenga una frase inteligente, sabia, jocosa, o que considere que tenga algún tipo de trascendencia a que la publique como de su autoría, ya que puede ser recordado por la posteridad, debido a esa frase.  Algo parecido pasó con un personaje llamado Juvenal, quien era un vago a todo lo ancho y largo de esa palabra, y por suerte para él tiene pocas sílabas, pero se dedicó a escribir una serie de absurdos, de los cuales la posteridad solo ha rescatado: "Cuerpo sano en mente sana". Seamos pues, originales y quizás nos recuerden por una pocas palabras colocadas estratégicamente.