jueves, 9 de diciembre de 2010

Satélite Mental

Admiro las mentes brillantes.  Me quito el sombrero imaginario ante aquellos que son expertos en su oficio, sea cual sea la naturaleza de éste.  Sin embargo, esa admiración nunca me ha reducido a ser satélite mental de nadie.  Mis ideas no están a expensas de lo que otro tenga entre sus cienes.  Mi mente es libre, como libre son todas sus elucubraciones y pensamientos.

Cuando un ser humano pretende trascender a los demás, convirtiéndose en un punto de referencia y comienza a gestar un liderazgo que abre los ojos de quienes pensaban que no había nada más en el anaquel del mercado electoral que esa bazofia que ocupa los grandes titulares,a  muchos apáticos políticos se nos abre el apetito de luchar por un proyecto que se acerca a las ideas propias.  Sin embargo, cuando dicho líder en ciernes entrega su  espada, se monta en la cabalgardura de un vetusto y usado jinete, más experimentado, sí, pero también menos potable que aquel nóvel político, no nos queda más remedio que sentir como se apaga la llama de la libertad que empezamos a sentir que brotaba.

Señores políticos: no entusiasmen a la gente pensando que al fin habrá una opción no manchada por el fango si al final se convertirán en Satélite Mental de lo mismo, o lo que es peor: DE UNA REEDICIÓN DE LO MISMO y segundas partes nunca fueron buenas.

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