miércoles, 8 de septiembre de 2010

Oh, los bancos

Un amigo se queja de todas las llamadas que recibe de instituciones financieras para que tome tarjeta de crédito con ellos.  Él me dice que maneja solamente una, ya que considera que no necesita más.  Un día, se encuentra con la oportunidad de un negocio.  Se imagina que le será fácil ir a un banco y conseguir financiamiento, ya que en esas llamadas siempre le recalcan sobre su "excelente estado crediticio".  Así lo hace y llena una solicitud de préstamo.  A los pocos días, indaga sobre el status de su solicitud.  Para su sorpresa, le informan que debido a su condición de hipertenso, él era un ente de alto riesgo como para otorgarle un crédito y por eso le habían rechazado su requerimiento.  Simplemente, enmudeció.  
Una semana, poco más o menos después, acude a la misma institución finaciera.  Paga el balance de la tarjeta de crédito y retira una cantidad que tenía depositada.  Pide cancelar la tarjeta de crédito y entrega el plástico.  Cuando le indagan la razón de esta decisión, les dice: porque soy hipertenso y soy un ente de alto riesgo como para tener una tarjeta de crédito.
Luego de esto, de dicha institución le llamaron para informarle sobre la aprobación de un crédito superior al que había solicitado, sin garante y disponible cuando él lo quisiera.  Él, que ya había conseguido el dinero por otra vía y concretado el negocio en cuestión, le informa que no, ya que al banco no le convenía tenerlo como cliente.  
Lo último que supe es que un representante le pidió, casi rogándole, que "fumaran la pipa de la paz", a lo cual le respondió: yo no fumo.
Yo le exhorté a que con ese banco continúe en esa tesitura, ya que en cuestión de poner a los intermediarios financierios, se había convertido en el héroe de muchas personas.

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